Wednesday, February 16, 2005

Yo como amo (a) de casa


Desde que vivo con la Sylvia en Londres, hemos comenzado a recorrer esa larga autopista que se llama Familia. Vivimos en las residencias de mi Universidad donde no es posible vivir en pareja. Somos dos en un espacio para uno. Sin embargo, nuestra situación no es tan complicada como se podría suponer, ya que Pam la inglesa a cargo de la administración, ha sido flexible y me cierra el ojo, en señal de complicidad, cada vez que voy a pagar a fin de mes.
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Pam es una señora de edad de dóciles modales ingleses: acento suave, melódico y bastante fácil de entender. Sonríe todo el tiempo pero con naturalidad. Acostumbrada a dialogar con extranjeros, siempre me comprende o hace “como que”, incluso cuando le trate de explicar por que la japonesa (Chikako) que vive en mi Flat se ha peleado con medio mundo dado el ruido que produce su costumbre de secarse el pelo a las tres de la mañana y cocinar después de medianoche. Esa pelea tuvo lugar en el mes de octubre y finalizo con una reunión donde hubo llantos, reclamos al staff y la partida de Muriel, una canadiense compañera de curso, que no pudo soportar más pelear todas las noches con la Chikako.
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Como siempre he tenido suerte, mi pieza no tiene problemas de ruido. De hecho, todos mis compañeros de Flat la desean. No es grande pero tampoco tan chica. Tiene un baño propio tipo ‘baño de avión’ que hace imposible movimientos holgados una vez que te duchas. Hay una cama y un colchón, un pequeño escritorio y una ventana que mira al patio interior del edificio. La cocina en el flat es compartida por los seis. Siempre esta impecable y eso es un punto a favor de este lugar.
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Con la Sylvia hemos tenido una muy buena convivencia, aunque no ha sido tan fácil. Debo decir que mis patrones machista (chilenos) están prácticamente extinguidos de mi comportamiento. A parte de hacer las camas y mantener un orden ejemplar día a día, he aprendido a cocinar comidas bien buenas. La Sylvia como mujer del siglo XXI, se resiste a cualquier intento de desigualdad, eso trajo sus conflictos, pero nada del otro mundo. Además, he podido predicar con el ejemplo ya que cuando estaba limpiando el baño, el cloro arruino mis pantalones favoritos.
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Hoy soy un verdadero amo(a) de casa. Confieso que alguna institución feminista debería darme un premio por eso.

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