Friday, June 30, 2006
Friday, June 16, 2006
El Iceberg de Sevilla *
se lo llevaron en barco el nuevo escudo del mar
o del país visible y deshabitado de cordillera
como una roca en el bolsillo, inofensivo ante los buques, los cruceros, el Titanic.
la limpieza cristalina y transparente del blanco Omo**:
en el emblema de un país en el olvido,
tabula rasa como sábana que nos escribe y cubre
nuestra bandera paloma blanca congelada en manos pálidas
el país-paisaje sin horrores
el país que nació lavándose los dientes.
(Santiago, 1999)
* Témpano de hielo presentando en el pabellón de Chile en ExpoSevilla 1992.
** Marca de un detergente de gran popularidad en Chile.
Thursday, June 15, 2006
Stella Díaz Varín
Tú llevas una bandera me
han dicho.
Sí.
Tú llevas una bandera
Yo sé
Que la bandera es de un
rojo profundo
Toda bandera es un río
de sangre.
Tuesday, June 13, 2006
Yo ¿Un furioso Ciclista?

Aunque nunca me destaque ni en los deportes ni para hacer gimnasia, he tenido particulares obsesiones con el ejercicio físico. La principal fue correr hasta morir los 800 metros planos en el examen de gimnasia en el colegio.
La última vez la recuerdo como si fuera ayer. Fue en la mañana, esta nublado y hacia frío. Cuando partió la carrera, los primeros 200 metros los hice suave para encontrarme con mis pulmones y mi ritmo. Respiraba uno, dos, nariz, boca, uno, dos. Así hasta los primeros 400 metros, es decir, la primera vuelta a la pista. De ahí sabia que venia lo peor: última vuelta. Puse la vista en un punto fijo, y comencé a picar. Todo se me había olvidado. No se si cerré los ojos, pero el mundo se me había olvidado. Uno, dos, nariz, boca, nariz, boca, un, dos. Ampliaba las zancadas. De pronto un rayo de inspiración me inflo el pecho y corrí. Puta que corrí. Corrí y corrí. Furioso. Con el pecho inflado. Un-dos, un-dos y la palma de las manos tiesas. Corrí y sentí que me desvanecía, pero seguí. Corrí y veía la meta. Una voces se me cruzaban diciendo “corre hueón!, corre!” un-dos, un-dos. Dale-dale, daleconchatumadre: un-dos, un-dos. Cuando cruce la meta el profesor pego un grito: “Bianchi! ¡2 minutos, 28 segundos!!!”. Había batido mi último record en casi 10 segundos. Wao.
Entonces caí en un estado metafísico y vomite todo el desayuno. Vomite y vomite. Furioso. Nada me importada, 2 minutos, 28 segundos. No sé si me desmaye pero termine en la enfermería recostado en la camilla. Mareado y pálido pero hinchado de orgullo, miraba a la enfermera que discutía con mi profesor de cómo nos hacia correr tan temprano.
Nunca más volví a correr los 800.
En la universidad descubrí mi olfato goleador. Tuve otra obsesión deportiva y trabaje de psicólogo en el Centro de Alto Rendimiento. Trabaje con Gimnastas, Escaladores, Yudocas. Con un equipo completo de Básquetbol. En los municipios de Recoleta y Santiago trabaje con más de 100 niños que jugaban tenis de mesa (Ping-Pong). Les enseñaba técnicas de relajación.
Bueno, aquí en Londres me compre una bicicleta. Tengo que cambiarle una rueda y arreglarle los frenos. No ando en Bici hace no se cuánto. Pero aquí estoy. Listo para volar por la ciudad. Furioso. De regreso a las pistas, como le dicen.
La última vez la recuerdo como si fuera ayer. Fue en la mañana, esta nublado y hacia frío. Cuando partió la carrera, los primeros 200 metros los hice suave para encontrarme con mis pulmones y mi ritmo. Respiraba uno, dos, nariz, boca, uno, dos. Así hasta los primeros 400 metros, es decir, la primera vuelta a la pista. De ahí sabia que venia lo peor: última vuelta. Puse la vista en un punto fijo, y comencé a picar. Todo se me había olvidado. No se si cerré los ojos, pero el mundo se me había olvidado. Uno, dos, nariz, boca, nariz, boca, un, dos. Ampliaba las zancadas. De pronto un rayo de inspiración me inflo el pecho y corrí. Puta que corrí. Corrí y corrí. Furioso. Con el pecho inflado. Un-dos, un-dos y la palma de las manos tiesas. Corrí y sentí que me desvanecía, pero seguí. Corrí y veía la meta. Una voces se me cruzaban diciendo “corre hueón!, corre!” un-dos, un-dos. Dale-dale, daleconchatumadre: un-dos, un-dos. Cuando cruce la meta el profesor pego un grito: “Bianchi! ¡2 minutos, 28 segundos!!!”. Había batido mi último record en casi 10 segundos. Wao.
Entonces caí en un estado metafísico y vomite todo el desayuno. Vomite y vomite. Furioso. Nada me importada, 2 minutos, 28 segundos. No sé si me desmaye pero termine en la enfermería recostado en la camilla. Mareado y pálido pero hinchado de orgullo, miraba a la enfermera que discutía con mi profesor de cómo nos hacia correr tan temprano.
Nunca más volví a correr los 800.
En la universidad descubrí mi olfato goleador. Tuve otra obsesión deportiva y trabaje de psicólogo en el Centro de Alto Rendimiento. Trabaje con Gimnastas, Escaladores, Yudocas. Con un equipo completo de Básquetbol. En los municipios de Recoleta y Santiago trabaje con más de 100 niños que jugaban tenis de mesa (Ping-Pong). Les enseñaba técnicas de relajación.
Bueno, aquí en Londres me compre una bicicleta. Tengo que cambiarle una rueda y arreglarle los frenos. No ando en Bici hace no se cuánto. Pero aquí estoy. Listo para volar por la ciudad. Furioso. De regreso a las pistas, como le dicen.
Saturday, June 03, 2006
Mi relación con la Poesía
“Ser poeta no es una ambición mía / es mi manera de esta solo” Cuando leí por primera vez estos versos de Fernando Pessoa, quede mudo y perplejo. Descubrí el extraño poder que tienen 13 palabras ordenadas de una forma única. Se me abrió de golpe una pregunta acerca de mi relación con la poesía. Tanto así, que el siguiente posteo las saca del tintero.
Aunque disfruto mucho escribiendo poesía, tengo mis reparos sobre que significa ser un poeta. No creo que escribir poemas venga de la mano con ese ser. Tampoco una valiente auto-proclamación es suficiente, ni el hecho de publicar libros de poemas. Si queremos respetar seriamente ese lugar donde la poesía y un cuerpo se encuentran, debemos exigir algo que escapa a nosotros mismos y escapa también al tiempo y al lugar donde vivimos. Ser poeta es algo que esta en las manos y las voces de muchos. Ser cualquier cosa en realidad. Ser.
“Siempre pienso en la persona que pronuncie por ultima vez mi nombre”, dijo el poeta chileno Jorge Tellier. Detrás de estas palabras, esta el secreto del quehacer de un poeta. Si se ha de respetar el hecho de entender que es un poeta, es indispensable imaginar otra temporalidad. Si no se hace, no estamos preparados para enfrentar este enigma.
Aunque disfruto mucho escribiendo poesía, tengo mis reparos sobre que significa ser un poeta. No creo que escribir poemas venga de la mano con ese ser. Tampoco una valiente auto-proclamación es suficiente, ni el hecho de publicar libros de poemas. Si queremos respetar seriamente ese lugar donde la poesía y un cuerpo se encuentran, debemos exigir algo que escapa a nosotros mismos y escapa también al tiempo y al lugar donde vivimos. Ser poeta es algo que esta en las manos y las voces de muchos. Ser cualquier cosa en realidad. Ser.
“Siempre pienso en la persona que pronuncie por ultima vez mi nombre”, dijo el poeta chileno Jorge Tellier. Detrás de estas palabras, esta el secreto del quehacer de un poeta. Si se ha de respetar el hecho de entender que es un poeta, es indispensable imaginar otra temporalidad. Si no se hace, no estamos preparados para enfrentar este enigma.
Antes de los 20 años, mi idea de la poesía estaba ligada a la fiebre por entender las vanguardias de principios del siglo XX. La poesía era básicamente una forma de vida. Y así lo hacíamos. ¿Que significa en aquellos tiempos? Vivir guiados por la imaginación. Pero nunca era solo eso, pues la voluntad detrás de la imaginación trae soberbia y pedantería. Bueno, eso es propio de dos cosas: de ser adolescentes y de tratar de tocar algo que, cuando lo tocas, te desborda fácilmente. Si hay algo que no existe antídoto en las artes, es al hecho de ser sobrepasado por el poder de la poesía. El ego en estos casos, no es solo una jaula, sino un martirio, casi un martillo que se carga en silencio.
Que la poesía es una forma de vida es otra imagen atractiva, pues el centro de la trama escapa a los libros. También es algo que los hippies con torpeza trataban de hacer, pero su base es Dada, el arte es la vida and so on. Estoy seguro que mi relación con la poesía proviene de eventos o accidentes inútiles que, sin embargo, son útiles pues para apreciarlos se requieres imaginar otra temporalidad. Como sabemos la infancia esta en el corazón de estos accidentes. Aquello que sucede o se descubre. La forma en que la realidad se inscribe en cada uno. Era el típico niño obsesionado con cosas que algún momento deberían quedar atrás. La astronomía, el mar y los pájaros copaban la voluntad de mi imaginación. Tuve ese privilegio y suerte. Sin embargo, una infancia en un país en dictadura, te vuelca hacia ti mismo, te aislas con la naturaleza. A veces me pregunto cuánta gente en los años de dictadura volcaron su mirada al mar, al cielo y a la cordillera. No obstante, a otros niños, con mucho menos suerte, esos años los pasaron por encima, los hicieron mierda y les dejaron cicatrices.
Me gusta la idea de proteger el quehacer de la poesía como algo que podemos llamar “sagrado”. Hacerle guardia. No para expulsar a nadie sino para dejar pasar. Para saber que pasamos necesitamos una frontera, un raya, cruzar un río, necesitamos un antes y un después. Bisagras. No es necesario ser poeta para decir esto. Que la poesía será “algún día escrita por todos” (Lautremot), es otra idea atractiva pues incluye una imagen de multitud. Sin embargo, eso no es lo mismo que decir que todos serán algún día poetas. Además, estoy seguro que la poesía se escribe por todos hace mucho. No hay posibilidad que eso no suceda. Es un asunto de tener imaginación. Como decía el filósofo Michel Serres: no es necesario leer todos los libros de la Biblioteca Publica de Paris, lo importante es entender que cada uno de esos libros, han sido leídos, al menos, una vez.
Para Paul Valéry, “el poema es el desarrollo de una exclamación”. Podemos sacar en limpio dos principios. Una exclamación es una emoción compleja y gramatical. El desarrollo implica asumir que esta cuestión esta encapsulada en el tiempo. Creo que Octavio Paz citando esta misma definición dijo que el poema nace de la tensión entre la exclamación y el desarrollo. También es valido para cualquier forma de arte. Para mi lo más interesante de esta definición es que implica ejercer una forma de resistencia: “hay que resistir al poema, hasta que el lúcido obvio quede inmóvil en el frío”, escribio Wallace Stevens.
La resistencia es un acto bélico, no obstante, también es un gesto de generosidad ante aquello por lo cual luchas. La cultura negra, por ejemplo, marcada por una continúa resistencia a su discriminación, ha sido capaz de levantar su voz creando los más variados ritmos: el rock, el jazz, el reggae o el hip-hop se los debemos a ellos. Hay algo aquí. Hay algo relacionado entre una situación de falta, de resistencia y el acto creativo. Necesitamos un enemigo, un motivo de lucha, para poder construir algo vivo. Necesitamos que nazca un negro en nosotros, pues la comodidad construye más que eso mismo: pereza y conformismo.
Hoy escribo poco, a gotas. Antes escribía más seguido. No me permito más de uno o dos poemas al mes. Me da lo mismo no ser más abundante. Nada se juega ahí, porque el silencio y la página en blanco son tan importantes como la exclamación y la pagina escrita. Mi relación con la poesía no esta solo cruzada por los libros ni por la escritura, hay otra cosa, algo asi como una una sombra o un rayo que te cruza retroactivamente. Cuando lo hace te haces otro por unos segundos. Las cosas que te rodean respiran y parecen unidas. Creo que no hay posibilidad que eso no exista.
En fin, esa es mi opinión.
Friday, June 02, 2006
London is an Airport.
Nadie esta aquí por mucho tiempo. Todos en tránsito, en algún momento, deben partir. Un denso aeropuerto en cámara lenta. Caras nuevas como la mía, se suman al tablón, aunque en algún momento nos debemos ir como otros ya lo hicieron y lo hacen. Por eso siempre tantas despedidas, amistades tan fugaces como intensas se extienden en la distancia, en un mail, un chateo: Hi there!
Qué velocidad. No sé que efectos tendrá sobre mi alma semejante batidora. Qué geografía, qué oleaje, tanta cerveza, cuanta salidas y maletas, cuántas horas en la fila, cuántas fotocopias, cuántos besos, mapas y monedas. ¡Qué velocidad!
Qué velocidad. No sé que efectos tendrá sobre mi alma semejante batidora. Qué geografía, qué oleaje, tanta cerveza, cuanta salidas y maletas, cuántas horas en la fila, cuántas fotocopias, cuántos besos, mapas y monedas. ¡Qué velocidad!
Subscribe to:
Comments (Atom)
