Monday, August 29, 2005

Animals


El otro día en casa de Eva (ver post De como es vivir dentro de una letra) conocí a mi nutricionista. Un ingles de origen jamaicano que me prohibió el consumo de leche. Después de latear a medio mundo con su teoría sobre el consumo de alimentos y la crisis mundial, me explico como alimentan con drogas a las vacas inglesas.

Indiferente ante a su retórica pero triste, me retire del carrete con una duda alimenticia: ¿Podré vivir sin tomar leche?
Sin poder responderme esta pregunta, comenzó sin quererlo mi dieta de “la reducción de consumo de leche”, la cual consiste en tomar menos que antes. Al mismo tiempo empecé la dieta del plátano: una dieta que aprendí de mi hermano Julio (que a su vez aprendió en sus años en Cuba).

Mientras me alejo de la vaca que fui, me acerco al mono que siempre he sido: Pierdo mi estado pasivo-contemplativo y me hago ágil y veloz sobre los árboles de mi vida.

Hoy los animales se han transformado en un referente de la identidad. Artistas contemporáneos los utilizan para darse a entender. Antes los animales eran un objeto estetico/simbólico o referentes morales externos al espíritu (por ejemplo, una escultura de caballos como símbolo de la independencia o la libertad). Hoy son una forma de explicarse a uno mismo: encumbrar un chancho sobre una ciudad, disfrazarse como canguro o venado para representar el sin sentido de la propia expresión.

Los parques de Londres son zoológicos desparramados. Cada cisne, cormorán o pato le pertenecen a la reina de Inglaterra. No se que Rey dijo que la monarquía inglesa iba a caer cuando los cuervos se vayan de Londres. Los parques de Londres son tan amplios y abiertos que siempre se ven vacíos. Me gusta mucho una especie de paloma que se llama Wood Pigeon: es grande, elegante y tan torpe como una Torcaza chilena (aunque no esta en extinción como la nuestra). Con el tiempo puedo identificarla desde lejos.

Recuerdo con nostalgia el día que vi por primera vez un Petirrojo (Robin) en Regent’s Park. Feliz por mi hallazgo improvisado me quede congelado, jugando al ornitólogo que alguna vez quise ser. Cuando recuerdo a ese petirrojo descubro que el cielo esta naranjo y comienza otra vez la llovizna de verano. Un raro atardecer en este lado del mundo.

Londres fuera de los parques es otro zoológico: buses donde se oyen siempre más de tres idiomas, bares y calles repletos de todas las formas de vida, mi nutricionista hablando de la crisis mundial o yo pensando en mi destino sin leche.

Thursday, August 25, 2005

De como descubrí el origen de la postmodernidad en el recital de “Yo la Tengo” el otro día en Camden Town (O algunos minutos de Yo como intelectual).

Yo la Tengo es una banda de Estados Unidos o “América” como diría la mayoría de las personas que he conocido en Londres. Tocaron en KoKo, Camden Town, un club-teatro rojo que uno dice ‘asi da gusto un teatro’. Yo la Tengo toca una gran variedad de ritmos musicales. Desde Baladas románticas hasta un tipo de Rock donde el vocalista esta apunto de romper la guitarra. La banda son tres: dos hombres y una mujer. Todos cantan, todos tocan más de cinco instrumentos que se turnan de canción en canción.

En la mitad de la pista, apretado, apenas podía mover la cabeza, para seguir esa guitarra a la vez melodiosa y curiosamente estridente. En un momento me acorde del filósofo Emmanuel Kant y su famosa definición de la Ilustración:

La ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad (…) La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro.

Enigmáticas palabras que me aparecen en mi pensamiento que cabecea los locos ritmos de
Yo la Tengo.

Durante el recital tenía la sensación que no era un recital. Nadie arriba ni nadie abajo. Como sentado en la arena, el vocalista pregunta “¿Qué canción quieren que toque?”. Algunos pedían sus favoritas. Así de buena onda. Vestidos como saliendo ‘sin ducharse y atrasados’, son casi el negativo del vestuario punk, militar, dark, multicolor y complejos encajes de los habitantes y mercados de ropa usada de Camden Town.

Nadie recita nada, más que eso mismo que estaba ahí mismo: La minoría de edad, por superada. Sin dioses ni palabras demás. Ni llamados por la paz o la pobreza. Menos las bombas en el underground o en Irak. La ley de nosotros mismos. Que buena onda. Todos somos iguales. Esto no es un recital, esto es Yo la Tengo.

Fue así como descubrí el origen y mi definición de postmodernidad: La postmodernidad es el acto de vender la pomada, sin venderla. Si haces una pregunta en vez de respuestas recibes o lanzas otra pregunta. Las chapitas o banderas en la chaqueta, significan nada más que eso mismo. Son chapitas, son palabras, no te vendo la pomada. A cambio, te vendo esta, la pomada de los sin pomada: en este reino de los iguales, trato de creer en mi mismo. Tú sabes, son las circunstancias. Somos cotidianos. Un trébol de comunismo en la copa de un mundo edificado. Un puñado de hojas húmedas para la casa: el arte nos ayuda y enseña a vivir (ni más ni menos).

Después de la polaridad de la guerra fría, de los movimientos y las retóricas, discursos al grano o la pistola imaginaria en el bolsillo, Yo la Tengo respira contigo ese aire de “Yo la Tengo,… pero tú también” “¿que canción quieren que toque?” “uso blue jeans como todos”. Todos somos iguales, vámonos para la casa, tú la tienes, él la tiene, ella la tiene, nosotros la tenemos, ellos también, ¿la quieres?

Monday, August 22, 2005

Estudiar, Jugar Tenis (o hacer cola en Wimbledon en día nublado).

Cada vez que me siento en la biblioteca a leer o a escribir entro en una cancha de tenis. Dado que estamos en Londres podría ser una cancha de pasto, verde y rápida. O bien una mesa de ping-pong. El tenis como el ajedrez requieren de una gran disciplina mental. Estadísticas estiman que un jugador en un partido normal pasa casi el 70% del tiempo del partido sin jugar puntos. Sufro, al igual que todo el mundo criado frente a una pantalla de ‘deficit atencional’.

Solo he tomado una vez en mi vida Ritalin y no fue para estudiar sino para celebrar el primer matrimonio de un amigo cercano, hace casi ya 9 años. La euforia del Ritalin (mezclado con piscola y whisky) me hizo aparecer de colado en la foto de los primos de la familia del novio: creo que tuvieron que borrar mi imagen en Photoshop.

¿Que hago el resto del tiempo? Sacar la vuelta. Escribir este Blog. O bien, pararme, ir al baño, llenar la botella de agua, revisar el correo el electrónico. Me gusta quedarme mirando la ventana. Encontrarme con Londres lleno de nubes, mirar las chimeneas y contarlas. Me siento en el segundo piso, para tener seguido este placer.

Al igual que el Chino Ríos, como uno o dos plátanos después de un momento de concentración y escritura. Tengo buen primer saque: abrir un libro por primera vez y encontrar algo útil. Mi segundo saque es normal. Casi siempre tengo la sensación que pierdo. Termino los días diciendo:
“bueno son cosas del estudio, igual es difícil, hoy no fue mi día, mañana si que si.”.


Pensar y escribir son actos adversos. Dos placeres difíciles. Cuando termino un párrafo, luego de minutos de juego cruzado y de fondo, la cancha de tenis se descubre como lo que siempre fue: un duro frontón. Cada línea, cada punto y cuerpo final del texto, son notaciones y construcciones donde juego conmigo mismo. Miradas desde afuera sobre el otro que soy. Ese otro parado en el altillo o en la tribuna. Un travestí en silencio que en un solo gesto, aplaude e insulta.

Mientras termino este Blog, afuera comienza una intensa lluvia de verano. La lluvia me pone triste en este momento. Cierro los ojos e imagino la historia de cuando Sir Tobi Prieto saludo a la mismísima Reina de Inglaterra, o cuando se tomo una Pint “al seco” después de una larga jornada de estudio.

Mientras escucho sus historias me imagino que hacemos cola para entrar a Wimbledon con nuestros amigos y amigas de Londres, un día como este. Un día nublado.


Wednesday, August 10, 2005

Conocer este planeta

Hace algún tiempo me dio por conocerme a mi mismo. Esta motivación vino de la mano con la imperiosa necesidad de conocer Londres. Sobre todo cuando descubrí que mas que una ciudad, Londres es un planeta.

Empecé por escribir mis sueños. Apenas me levanto reproduzco sobre un cuaderno el relato de mi sueño matinal. A continuación reproduzco lo que soñé el sábado 09 de Julio:

“(…) vengo en un avión, un medico me hace masajes en el pecho, me dice que podría tener sangre de narices…aterrizo en un lugar a buscar pega (trabajo), la pega es en Brick Lane (famosa calle de Londres, entre otras cosas, por su pasado musulmán y sus restoranes hindúes). La pega es para hacer hamburguesas, el dueño me entrevista, es argentino. En la entrevista me hace una adivinanza sobre Japón y los futones, un acertijo relacionado con el brócoli (…)”

Comprendo mi sueño. No hay necesidad de latear con los cruces que podría construir con cada frase. Prefiero fijarme en esta fragmentación sin sentido que soy (y somos cada uno).

La inmensidad inconexa que soy hacia dentro es análoga a la inmensidad sin sentido que es Londres: este planeta de luz oblicua y desigual, de no más de 60 W.

¿Cual es mi luz?

No conozco el nombre ni el número que pueda definir la cantidad de W que tengo. Podrían ser miles. Soy un horno. Mi cuerpo sufre de temperaturas desiguales. A veces hierve mi pecho y la espalda la tengo helada. New Cross, mi barrio, es igual. Mi pieza es un horno y cuando salgo a la calle, afuera hay viento y hace frío.

Esto de conocerse. Recuerdo unos versos de mi hermano Adán Méndez:

La mejor terapia es andar en micro
la cabeza en alta y los ojos cerrados
como dijo Delfos: conocete a ti mismo.

Tuesday, August 09, 2005

De cómo es vivir dentro de una letra (o Fiesta en Hammersmith)


Vivo en una pieza con forma de “L”. Mi cama esta en el vértice de los dos corredores y mira a la única ventana que tengo. Afuera: el patio interior de la residencia. Estoy en el cuarto y ultimo piso. Desde aquí veo los cuervos y las palomas. Me concentro en la L. De pronto descubro el sentido de esta forma: Life, London, Love, Long. Vivir en una letra es tan particular como estar dentro de una canción o de un libro.

El otro día salí apurado de mi pieza a una fiesta en Hammersmith. Vana de Grecia me invito a carretear con sus amigos brasileros. Una casa inmensa. En el patio de atrás: árboles, palmeras, mesa de ping-pong, fogata, instrumentos y una tropa de amigos carreteando y parrillando al ritmo de una tarde de verano. No conozco a nadie, pero nadie sabe que soy de Chile. Tampoco nadie sabe que vivo dentro de una L y menos que estoy sorprendido por el despliegue escénico de la fiesta. Mi amigo Jouse no pudo venir. Tenia visitas de Chile:“pesan los amigos cuando vives fuera” me dijo Hermann, un pintor chileno, en Paris para navidad. La fogata arde y yo tomo vino chileno. Hay cuatro botellas de Casillero del Diablo. Un ingles que habla español con acento cubano me mete conversa. Cuando se entera que soy chileno me rebalsa el vaso de Casillero del Diablo. La L se come a la R en Cuba. Lo descubro cuando dice “Velda” en vez de “Verdad”.

Voy a jugar Ping-pong con Eva de Milan –Italia-. Es economista y vive hace 4 años en Londres. Trabaja en Bank. Eva tiene mi edad y nació una semana antes que yo. Le cuento mi parentesco, el origen de mi familia a orillas del Lago Como en Milan. Sonríe y comprende mi aire de Milanes. Somos acuario. Ella es rubia. Mientras jugamos Ping-Pong ella me describe mis tierras que no conozco. Me parezco a Eva como me parezco a mi destino con la letra L. Ese orden propio y personal detrás de las cosas; donde también estamos si dejamos de pensar.

Pasaron las horas y llego la noche, el salmón a la parrilla y una pandereta a mi mano derecha, la cual batí como brasilero dando vueltas por la fogata. La banda improvisada duro más de 1 hora. Me devolví a mi pieza con un vaso de vino blanco cantando por Hammersimth. Primera vez que me duermo en un bus de Londres desde que llegue hace casi 11 meses. Me despierta un mensaje de texto al celular. Es Vana que me escribe: “Adra!! (hombre en griego), Do you think I am Brazilian?...see you in Greece”

Me bajo del Bus con la sensación que soy griego e irlandés. Ya es de día en Londres. Entro a mi pieza y me pregunto antes de caer dormido “¿Habrá escogido la L estar entre la K y la M?”.