El otro día en casa de Eva (ver post De como es vivir dentro de una letra) conocí a mi nutricionista. Un ingles de origen jamaicano que me prohibió el consumo de leche. Después de latear a medio mundo con su teoría sobre el consumo de alimentos y la crisis mundial, me explico como alimentan con drogas a las vacas inglesas.
Indiferente ante a su retórica pero triste, me retire del carrete con una duda alimenticia: ¿Podré vivir sin tomar leche?
Sin poder responderme esta pregunta, comenzó sin quererlo mi dieta de “la reducción de consumo de leche”, la cual consiste en tomar menos que antes. Al mismo tiempo empecé la dieta del plátano: una dieta que aprendí de mi hermano Julio (que a su vez aprendió en sus años en Cuba).
Mientras me alejo de la vaca que fui, me acerco al mono que siempre he sido: Pierdo mi estado pasivo-contemplativo y me hago ágil y veloz sobre los árboles de mi vida.
Hoy los animales se han transformado en un referente de la identidad. Artistas contemporáneos los utilizan para darse a entender. Antes los animales eran un objeto estetico/simbólico o referentes morales externos al espíritu (por ejemplo, una escultura de caballos como símbolo de la independencia o la libertad). Hoy son una forma de explicarse a uno mismo: encumbrar un chancho sobre una ciudad, disfrazarse como canguro o venado para representar el sin sentido de la propia expresión.
Los parques de Londres son zoológicos desparramados. Cada cisne, cormorán o pato le pertenecen a la reina de Inglaterra. No se que Rey dijo que la monarquía inglesa iba a caer cuando los cuervos se vayan de Londres. Los parques de Londres son tan amplios y abiertos que siempre se ven vacíos. Me gusta mucho una especie de paloma que se llama Wood Pigeon: es grande, elegante y tan torpe como una Torcaza chilena (aunque no esta en extinción como la nuestra). Con el tiempo puedo identificarla desde lejos.
Recuerdo con nostalgia el día que vi por primera vez un Petirrojo (Robin) en Regent’s Park. Feliz por mi hallazgo improvisado me quede congelado, jugando al ornitólogo que alguna vez quise ser. Cuando recuerdo a ese petirrojo descubro que el cielo esta naranjo y comienza otra vez la llovizna de verano. Un raro atardecer en este lado del mundo.
Londres fuera de los parques es otro zoológico: buses donde se oyen siempre más de tres idiomas, bares y calles repletos de todas las formas de vida, mi nutricionista hablando de la crisis mundial o yo pensando en mi destino sin leche.