

En esta foto tengo 22 años. Estoy con Javiera González Mañes. Con ella tuve mi primera relación intensa y larga. Pololeamos dos años.
Un año y medio después que terminamos, la Javiera murió en la tragedia del avión Faucett en Arequipa-Perú, en el verano de 1996, donde murieron 40 chilenos que andaban de vacaciones.
Con la Javiera teníamos carácter distinto, pero muchas cosas en común. Nos gustaba ir al cine, conversar y compartíamos el mismo interés por la cultura. Leíamos juntos poesía. Éramos amigos, también ingenuos y un poco rebeldes. Con ella viví casi todo por primera vez. Incluso la muerte, porque no es lo mismo enterarse que alguien murió, que perder a alguien, que se ha sumado contigo, a la vida.
(Confieso que dude en hacer este posteo. El límite entre lo privado y lo estrictamente personal me cuesta diferenciarlo. Tal vez el asilamiento que a veces tengo en Londres me ha permitido salirme de libreto)
Creo que mi vida tuvo un giro gigante después de su muerte. Aunque confieso que dimensione todos estos hechos, algun tiempo después. Durante los años siguientes, visite a su familia para navidad y cada 19 de Julio, que era el día de su cumpleaños, iba al Cementerio General a saludarla. Recuerdo que cuando cumplió 19 le regale un video donde yo aparecía haciendo miles de cosas, entre ellas, tocando guitarra, llamándola por teléfono, comprando en el supermercado y disfrazado de viejo pascuero en un centro comercial de Santiago en pleno invierno. Recuerdo también que con el poeta Martin Bakero, una noche, salimos a buscar a nuestros amores. Yo fui donde la Javiera y después de casi una hora de dialogo en la puerta de su casa, le regale una rosa amarilla y me fui. Cuando empezamos nuestra relación, casi 1 año después, tenía guardados los pétalos de esa rosa en un sobre.
Nada trágico es para siempre. Aunque parezcan eternas, las experiencias duras, nos cargan de una curiosa fuerza. El mismo año de la tragedia, en 1996, comenzamos con mis amigos del colegio el proyecto CasaGrande y la publicación del primer numero de la revista. También entre a los talleres de poesía de la Fundación Neruda donde conocí a Julio y Santiago, con ellos fundamos la banda Los Muebles.
En fin, una tormenta de energía. Una mutación que se eleva sobre ese agujero que dejan las pérdidas. Después de 10 años, puedo verla mas claramente, como ordenándose en el tiempo y en mi memoria, a las puerta de los 33. Aquí en Londres.