“These are the things that I had in mind when I spoke of the pressure of reality, a pressure great enough and prolonged enough to bring about the end of one era in the history of the imagination and, if so, then great enough to bring about the beginning of another” [Wallace Stevens, “The Necessary Angel”]
Leyendo a Wallace Stevens he meditado acerca de lo que el llama la presión de la realidad. Este posteo es al respecto.
Consiste en desarrollar una forma de resistencia frente a la presión de la realidad. Esta presión se manifiesta en muchos niveles e intensidades, por eso, la resistencia debe alcanzar una plasticidad compleja y múltiple, pues tanto el mal clima como una gripe, la violencia o la lógica del libre mercado, el insomnio o la cesantía, el fracaso de un amigo o la perdida de un familiar, son presiones que se dejan caer en un orden, muchas veces, ajeno a nuestra experiencia y sentido común, pues tienen diversa naturaleza y origen.
Malayo, en una conversión por Messenger, me sermoneaba con resistirse a la figura del bombero, es decir, a pasarse el tiempo (y por que no la vida) apagando incendios.
Por el contrario, esta figura de resistencia, consiste en ejercer sobre uno mismo una forma de paz, mas que una actitud bélica con la realidad. Un escape sin dejar de lado los asuntos importante para cada cual. Quizás cualquier forma de terapia, fármaco, religión o meditación busquen resolver el secreto detrás de este dilema: como vivir sin ser sobrepasado por la presión que ejerce la realidad. En palabras simples, como reducir cualquier forma de malestar al mínimo.
Muchos hacen ejercicios -deportes, yoga, meditaciones-, se desahogan conversando o escribiendo, se encomiendan al destino haciendo mandas, se hacen horarios, tatuajes, cumplen metas, trabajan más, otros comen chocolate, toman pastillas, hiervas, infusiones o flores de no se que.
Por mi lado y para empezar, me encantaría tener un Ipod. Seria de gran utilidad, pues podría a transportarme por la ciudad de un modo más fluido, además de ingresar a ese selecto grupo de habitantes de Londres, que dejan asomar sus cables blancos por el cuerpo. Con un Ipod mi resistencia seria más amable, pues la música nos saca de aquí. Además, nos cubre un aura de emociones que fortalecen esa timidez que protege.
Con un Ipod podría caminar con alas e indiferencia.