Mi relación con el pueblo Alemán es vieja y profunda. A pesar de esta relación y de mi ruda apariencia o mi metro ochenta y cuatro de estatura, fui confundido como un invitado de la familia de la novia -Sannam-, es decir, del lejano Pakistán.
La fiesta se realizo el sábado desde las tres de la tarde hasta las cinco de la madrugada del domingo. En la misma fiesta supe que los novios se habían casado hace una semana, en una mezquita cerca de Colonia. “Todo el revés” -pensé en un momento-. Mi amigo Carsten había decidido hacerse musulmán. Aunque no era su obligación, fue su opción. Tomando una cervezas y ya mas relajado, me contó que se tuvo que lavar tres veces la boca, tres veces la nariz, tres veces los ojos, tres veces las orejas y tres veces el pelo antes de empezar el ritual. Un traductor traducía a él y su familia, del árabe al alemán. Tuvo que repetir unas frases y luego vino el juramento similar al ‘aceptas’ o no ‘aceptas’, con la salvedad que también tuvo que aceptar ‘pagar 1300 euros a la novia si se divorciaba de ella en el futuro’. Interesante. Tenían que estar en ayunas, sin embargo, luego de la ceremonia, me contó que su suegro decidió invitar a todos a almorzar. ¿?. Bueno, eso era para mostrar que eran muy flexibles. Tampoco tiene que rezar mirando a la Meca a la una de la tarde. Quiere, eso si, aprender árabe y leer el Corán.
En la fiesta estaba todo en su lugar y organizado. No había licores, solo vinos y cervezas. Había música en vivo. El local estaba a las afueras de Frankfurt. Tenía una cosa muy particular: si la música subía de cierto nivel empezada a sonar una alarma hasta que se bajara el volumen, si no se hacia, se cortaba la electricidad. ¿?. Bueno, durante toda la tarde y la noche, hubo discursos, un baile hindú, un juego, una instalación con velas con forma de corazón y una banda de jazz (en vivo) tocando Miles Davis. Yo estaba sentado en la mesa de los invitados de Londres (en el segundo piso). Éramos siete: una china, una estadounidense, una irlandesa, una española, una alemana, su novio y yo.
El hecho que Carsten se casara con Sannam de Pakistán significo que todos los discursos y la atmósfera de la fiesta fuera sobre la diversidad y las diferencias culturales. Para él no fue fácil concretar su matrimonio. Carsten hizo un breve discurso, donde aclaro lo que significaba que su familia y la de Sannam comenzar una vida juntos, el hecho de haberse criados en países con culturas tan distintas… para reforzar sus palabras nombro la variedad de invitados a su fiesta y nombro todos los países presentes, entre ellos, Chile. Cuando baje servirme los primeros postres, una pareja de alemanes empezó a hacerme señas: “tu eres el chileno?”. De Pakistán pase a Latinoamérica en un segundo. Era un pastor luterano y su señora: habían vivido en Temuco cinco años. Hablaban perfecto español (con acento chileno) y tuvimos una grata conversación. Ellos echaban de menos el sur de Chile, yo, a mi familia, mis amigos y amigas.
Sannam, la novia, estaba vestida con unas telas doradas que eran como con una escultura para el cuerpo. Era un traje sagrado paquistaní. Tenía las manos tatuadas con henna. Cuando caminaba un ligero sonido recorría sus movimientos. Me sentí hablando con una princesa. Yo no la conocía, pero al saludarnos sabia perfecto quien era, me pregunto cosas donde se notaba que manejaba información. Eso me hizo sentir bien y comprendí el respeto de ellos por sus invitados.
En Frankfurt me aloje en casa de Patrick. Rápidamente nos hicimos amigos. Al igual que Carsten es un alemán sencillo, romantico y critico, muy orgulloso de ser estudiante de la famosa Escuela de Frankfurt, donde se fundo la Teoría Critica. Hablamos de política, poesía y cultura alemana. Tomamos unos grandes desayunos alemanes con esa variedad de panes con semillas y aromas distintos.
Vamos a las fotos. Haciendo click sobre la fotos puedes verla mas grandes.

Parte de la mesa de Londres con los novios. De Izq. a Der: Sarah de US, Sarah de Irlanda (alias Pop Corn), Yuri de China (me ensenho a jugar el ca-chi-pun chino, ya les contare) y Ximena de Madrid.
Baile Indu. La bailarina tenia el borde de los pies y la primera falange de las dedos de las manos, pintados rojos. Eso era muy bonito.

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