Yo la Tengo es una banda de Estados Unidos o “América” como diría la mayoría de las personas que he conocido en Londres. Tocaron en KoKo, Camden Town, un club-teatro rojo que uno dice ‘asi da gusto un teatro’. Yo la Tengo toca una gran variedad de ritmos musicales. Desde Baladas románticas hasta un tipo de Rock donde el vocalista esta apunto de romper la guitarra. La banda son tres: dos hombres y una mujer. Todos cantan, todos tocan más de cinco instrumentos que se turnan de canción en canción.
En la mitad de la pista, apretado, apenas podía mover la cabeza, para seguir esa guitarra a la vez melodiosa y curiosamente estridente. En un momento me acorde del filósofo Emmanuel Kant y su famosa definición de la Ilustración:
La ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad (…) La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro.
Enigmáticas palabras que me aparecen en mi pensamiento que cabecea los locos ritmos de Yo la Tengo.
Durante el recital tenía la sensación que no era un recital. Nadie arriba ni nadie abajo. Como sentado en la arena, el vocalista pregunta “¿Qué canción quieren que toque?”. Algunos pedían sus favoritas. Así de buena onda. Vestidos como saliendo ‘sin ducharse y atrasados’, son casi el negativo del vestuario punk, militar, dark, multicolor y complejos encajes de los habitantes y mercados de ropa usada de Camden Town.
Nadie recita nada, más que eso mismo que estaba ahí mismo: La minoría de edad, por superada. Sin dioses ni palabras demás. Ni llamados por la paz o la pobreza. Menos las bombas en el underground o en Irak. La ley de nosotros mismos. Que buena onda. Todos somos iguales. Esto no es un recital, esto es Yo la Tengo.
Fue así como descubrí el origen y mi definición de postmodernidad: La postmodernidad es el acto de vender la pomada, sin venderla. Si haces una pregunta en vez de respuestas recibes o lanzas otra pregunta. Las chapitas o banderas en la chaqueta, significan nada más que eso mismo. Son chapitas, son palabras, no te vendo la pomada. A cambio, te vendo esta, la pomada de los sin pomada: en este reino de los iguales, trato de creer en mi mismo. Tú sabes, son las circunstancias. Somos cotidianos. Un trébol de comunismo en la copa de un mundo edificado. Un puñado de hojas húmedas para la casa: el arte nos ayuda y enseña a vivir (ni más ni menos).
En la mitad de la pista, apretado, apenas podía mover la cabeza, para seguir esa guitarra a la vez melodiosa y curiosamente estridente. En un momento me acorde del filósofo Emmanuel Kant y su famosa definición de la Ilustración:
La ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad (…) La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro.
Enigmáticas palabras que me aparecen en mi pensamiento que cabecea los locos ritmos de Yo la Tengo.
Durante el recital tenía la sensación que no era un recital. Nadie arriba ni nadie abajo. Como sentado en la arena, el vocalista pregunta “¿Qué canción quieren que toque?”. Algunos pedían sus favoritas. Así de buena onda. Vestidos como saliendo ‘sin ducharse y atrasados’, son casi el negativo del vestuario punk, militar, dark, multicolor y complejos encajes de los habitantes y mercados de ropa usada de Camden Town.
Nadie recita nada, más que eso mismo que estaba ahí mismo: La minoría de edad, por superada. Sin dioses ni palabras demás. Ni llamados por la paz o la pobreza. Menos las bombas en el underground o en Irak. La ley de nosotros mismos. Que buena onda. Todos somos iguales. Esto no es un recital, esto es Yo la Tengo.
Fue así como descubrí el origen y mi definición de postmodernidad: La postmodernidad es el acto de vender la pomada, sin venderla. Si haces una pregunta en vez de respuestas recibes o lanzas otra pregunta. Las chapitas o banderas en la chaqueta, significan nada más que eso mismo. Son chapitas, son palabras, no te vendo la pomada. A cambio, te vendo esta, la pomada de los sin pomada: en este reino de los iguales, trato de creer en mi mismo. Tú sabes, son las circunstancias. Somos cotidianos. Un trébol de comunismo en la copa de un mundo edificado. Un puñado de hojas húmedas para la casa: el arte nos ayuda y enseña a vivir (ni más ni menos).
Después de la polaridad de la guerra fría, de los movimientos y las retóricas, discursos al grano o la pistola imaginaria en el bolsillo, Yo la Tengo respira contigo ese aire de “Yo la Tengo,… pero tú también” “¿que canción quieren que toque?” “uso blue jeans como todos”. Todos somos iguales, vámonos para la casa, tú la tienes, él la tiene, ella la tiene, nosotros la tenemos, ellos también, ¿la quieres?
1 comment:
Qué suerte ver a Yo la Tengo... aquí no la tenemos... buen post, cirilo. Un abrazo
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