Wednesday, September 28, 2005

Señales de Humo

No hay día que no me pregunte qué mierda hago en Londres. Más que no saber la respuesta, esa pregunta es una buena compañera, como prender un cigarro para ver pasar el tiempo y divagar. Ensayar respuestas: humo.

Casi todos los días voy a la universidad en el Bus No21. Prefiero siempre el segundo piso. Así puedo mirar el camino y volver a divagar. Humo. El Bus No21 va de Moorgate -sector financiero- al Sur. Cruza el río en London Bridge. La mejor parte del viaje es cuando uno cruza el río. Wao. Momento clave para dejar de lado lo que estoy divagando o haciendo. Mientras miro ambos costados, comprendo la directa relación entre el paisaje y el pensamiento. Un paisaje preciso cambia nuestro mundo interior. Aunque sea por unos segundos, vale la pena y lo agradezco. Comprendo así la importancia de vivir cerca de paisajes de agua (un lago, un río, la playa), o paisajes abiertos (un cerro, un edificio). Así como la carencia de esta oportunidad.

Para celebrar el cambio de milenio, con mis amigos hicimos una inolvidable fiesta en Punta de Choros -norte de Chile-. Cinco días de Parlantes y generador sobre la arena. Una tarde, en un viaje al pueblo a comprar hielo, con mi amigo Danilo, azarosamente fuimos invitados por un pescador a hacer un brindis de vino y hierbas en su casa. Alegres y algo conmovidos, brindamos durante más de una hora, mientras el hielo se derretía. Entre historia e historia, el pescador nos contó que si pasaba más de una semana sin ver el mar, le dolía la cabeza. Wao.

Su relación con el paisaje estaba encarnada en el cuerpo. Un paso más hondo que mi relación entre el cruce del Tamesis y el cambio de mis divagaciones. Nuevos aires que el paisaje ofrece a mis preguntas. Humo.

1 comment:

Malayo said...

Si mientras vas en el segundo piso de la micro 121 ponen una bomba, seguramente vas a salir disparado por el techo. Por favor hermano si sobrevives cuenta cómo fue la experiencia.